lunes, 1 de diciembre de 2014

You

and me.

and everything in between.


Debería parar cada vez que veo acercarse el principio del fin. Ese momento en el que puedo ver claro el final, cuando ni si quiera aún ha comenzado.

Pero a mí me gusta darme cabezazos con esas paredes en las que pone claramente pintado 'material indestructible'. Puedo tirarme semanas, meses, incluso años. Aquí he dejado viviente la prueba de que es así. 

Y eso, esa manía mía de ver algo imposible y querer convertirlo en posible bajo toda circunstancia, es lo que me acabará matando, a menos que lo pare. 

Por eso ya no está permitido que importe la esperanza, ni el dolor innecesario, ni las excusas. No pienso volver a correr contra un muro indestructible para abrirme la cabeza en mil pedacitos y luego ser incapaz de reconstruirla del todo, perdiendo un poco más de cordura, de esa poca que me queda.

Por eso es mejor que me duelas hoy, tú. Tú que en un mes y poco más me has enseñado algunas cosas que necesitaba saber, aunque no te hayas dado ni cuenta. Tú que has sido un momento de respiro, sosiego, locura, dulzura, malas intenciones y, como no, un poquito de amor.

Y un poquito de duda, y un poquito de rabia.

Porque aunque desde el primer momento, hablaste de nosotros, en realidad no hay un nosotros, no pudimos construirlo.

Somos tú.
Y yo.
Y todo lo que hay entre tú y yo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Pero hoy...

Hoy que te echo especialmente de menos.

Hoy que siento que necesito hablar contigo.

No como esa parte de mí que acabó volviéndose loca cada vez que me mirabas, la histeria irracional de quererte a mi lado, la razón por la que hoy ni si quiera puedo preguntarte cómo estás.

Sino como ese cachito de alma incomprendida que tú lograbas comprender. Cómo esa pregunta derrotada de la que cual tú eras el único capaz de encontrar la respuesta. Tal vez cómo tu amiga, y no cómo quien te quería...cómo quien intenta dejar de quererte.

Sabía que llegaría este momento. Desde que me hiciste perder la conciencia, cada vez que intento avanzar, siempre llega este momento. Y es que ya me conoces, no me van las cosas fáciles. No me van las conversaciones simples ni las historias sin giros inesperados, siempre me acabo metiendo en algún buen lío. Y es en estos momentos, cuando me encuentro en el centro justo del enredo, en el que te necesito tanto.

Porque no soy capaz de encontrar el rumbo. Porque voy hacia el sur, de cabeza y sin frenos, con los ojos cerrados. Y perdiendo poco a poco el norte.

Y tú y yo no teníamos rumbo. Éramos más de andar en círculos. La postura cómoda e incómoda, la seguridad de saber lo que venía a continuación.

Como otro pedacito de alma rota, cómo puzle con piezas perdidas para siempre, la interiorización del miedo, la exteriorización de la duda.

Tal vez, me dirías "para",
y tal vez yo te haría caso.

Pero no estás para decirme que pare.

martes, 26 de agosto de 2014

Can I do this?

No es el fin del mundo. 

Por supuesto que no. Ni el fin de mi vida, ni de la felicidad, ni de la esperanza, ni supone el fin de las emociones. A estas alturas he aprendido lo suficiente como para saber que siempre habrá nuevos comienzos, nuevas sonrisas, nuevas manos que te pueden hacer temblar. Que no todo gira alrededor de lo mismo y que hay otros ámbitos en los que puedo ser excelente. Que lo soy.

Pero tampoco puedo dejar de lado esa parte que queda en ruinas, ese mal sabor de boca, esa decisión siempre mal tomada, siempre tirada contra la pared, a la que no respeto y que me he saltado cada vez que he podido desde que decidí tomarla. Y que tengo que cumplir a rajatabla cada segundo que pase desde este mismo instante.

A mí no se me dan bien los finales. El ejemplo perfecto está aquí, donde comienzo historias que nunca llego a acabar. Pero no sólo me pasa con las cosas que escribo, es una manía que me afecta en todos los aspectos, desde el primero hasta el último. Y como toda persona medianamente coherente odio en especial los finales que no quiero que lleguen. Despedirme no queda corto de este pequeño problema. Renunciar, dejarlo estar, decirle a la parte irracional de tu cerebro que deje de segregar las sustancias que me hacen sonreír como una idiota cuando recibo ese mensaje, que tanto puede darme la vida como quitármela en un instante (metafóricamente hablando).

La primera vez no tuve la oportunidad de despedirme como lo hubiera necesitado. Necesité años y escribir palabras que jamás leyó la persona para las que iban dirigidas el poder despedirme de verdad, el poder cerrar los ojos, sonreír, y simplemente pensar 'espero que le vaya bien'. Yo con estas cosas no sé renunciar, no sé decir basta, por muy consciente que sea de que me puedo acabar perdiendo a cachitos por el camino, de forma que luego sea imposible encontrar todas las piezas.

Y así, es como he acabado perdiéndome. Y así es como jamás volveré a recuperarme de nuevo. No del todo, pues hay partes que durante la recogida que va antes de la reconstrucción no he sido capaz de encontrar, y me estoy reconstruyendo.

Pero duele, claro que duele. Y no me voy a quedar callada. No porque cada segundo que pasa algo dentro de mí no para de decir adiós, y aún sigo sin aceptarlo del todo. Porque ni si quiera creo que tenga la oportunidad de despedirme como me gustaría hacerlo. Porque soy yo la que tiene que decir basta, y se me da horriblemente mal decir basta.

Porque no importa lo bien o mal que me levante, lo estupendo u horrible que sea el día. Recordar a cada instante que el final es el final y que no puedo seguir añadiendo puntos suspensivos es peor que todo el ruido que se ha ido acumulando en mis oídos durante todo este tiempo. Es faltarme el aire durante unos segundos al día al verme de repente ante el precipicio de llevar a cabo esa decisión que la única vez que pude tomar, lo hicieron por mí.

Y por todas las cosas, buenas y malas. Por todo lo que llegó a mí gracias a esta experiencia. Por la capacidad de volver a sentir que soy invencible, por la vulnerabilidad, la facilidad que tenía para destruirme. Porque el ser capaz de volver a permitirme eso, ya me enseñó muchas cosas que creía perdidas. Y por todos y cada uno de los momentos que le tuve tan lejos y le sentí más cerca que nadie.

Por contarme al oído por qué los elefantes no llevan reloj.

Y si lees esto, lo siento.

miércoles, 23 de julio de 2014

Lo intento.

¿Alguna vez te preguntas lo que está haciendo?¿Cómo volvió todo a las mentiras? A veces pienso que es mejor no preguntar nunca por qué. Le dio un leve empujón al libro con el pie, éste a penas se movió del brazo del sofá un par de centímetros. Suspiró. Miró al techo, que se encontraba completamente en penumbras. Era demasiado tarde como para que se escuchara nada más que algún que otro crujido aleatorio de los muebles de la casa. Cerró los ojos, aunque sabía que no iba a dormir. Ya lo había estado intentando durante unas cuantas horas.

Es curioso cómo el corazón puede ser engañoso más de un par de veces. ¿Por qué nos enamoramos tan fácilmente? Incluso cuando no está bien... En la oscuridad de la madrugada volvió a abrir los ojos para centrarse en el libro. A penas veía una pequeña parte de éste y, además, mal. No llevaba las gafas puestas, y sólo era capaz de distinguir una mancha que relucía ciertamente blanca más allá del bulto que presuponía su pie. Sin embargo no movió sus extremidades inferiores, al menos no durante los próximos segundos. Se centró en aquél libro que sabía no iba a volver a leerse en la vida, que le costó muchísimo más de lo que hubiera pagado por él de haberlo buscado por placer y que suponía una carga demasiado pesada. Irónico que lo fuera cuando técnicamente ya estaba superado. Aunque claro, todo dependía del plano al que lo elevaras.

Cada disculpa que podría ser arruinada, ¿no te hace llorar? Cuando estás por ahí, haciendo lo que sea que estés haciendo, ¿simplemente vas a continuar? Dime, ¿vas a continuar? Comenzaba a amanecer cuando escuchó de repente el latir de su propio corazón. Era rápido, urgente y parecía querer destacar por encima de todo. Tras una noche de silencio con los ojos abiertos por completo, sus neuronas no estaban con fuerzas de llevarle la contraria a aquél impulso molesto que, de hecho, provenía de otro lugar de su materia gris. Pero con una extraña fuerza que sintió de repente, sonrió. Fue una sonrisa cansada, pero fue una sonrisa. Y con las primeras luces de la mañana, movió los dedos de sus pies y el libro acabó, en un sonido seco, en el suelo. 

De donde estaba segura que jamás lo volvería a coger.

Dónde hay deseo, va a haber una llama. Dónde hay una llama, alguien se acaba quemando. Pero, sólo porque quema no significa que vayas a morir. Te levantas y lo intentas. Y lo intentas.

Y lo intentas.
P!nk-Try.

miércoles, 2 de julio de 2014

Siempre esperándote.

¿Cuánto camino llevabas andado pensando lo mismo que yo?
Ni si quiera los días podías contarlos, habías perdido de vista el reloj.
La puntualidad de los sentimentales que estiran el tiempo como si un adiós fuera a durar toda la vida, y una despedida que no terminó.
Tendré que acostumbrarme a lo mejor a la impaciencia de que tú...

Ahora dirás que se me ha hecho tarde, que fuimos demasiado cobardes, que yo te esperé y tú desesperaste entre tardes fugaces.
Se hace de día en una ciudad que no es mía y la chica que duerme a mi lado nunca sabrá que existías, jamás hablará de ti en la comida. 
Y eso que a veces cuando atardece pienso en la vida que voy a perderme. Luces incandescentes, sueño que vienes a verme.

Mientras tú llegues siempre tarde y yo siempre esté esperándote.


Carlos Sadness.

lunes, 16 de junio de 2014

Bum.

Según la teoría del big bang, todo comenzó con una pequeña bola de energía a la que le costaba tanto sostenerse a sí misma, que acabó explotando. De repente, toda esa energía comprimida comenzaba a expandirse, en medio de un montón de nada. A separarse, a evolucionar. Millones y millones de años pasaron en la convulsa propulsión de átomos que se unieron para formar materia. Las primeras estrellas, las primeras masas planetarias, otros cuerpos celestes y demás cosas que nuestra capacidad mental aún no nos ha permitido descubrir a ninguno de nosotros.

Según la propia ciencia, la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Todo lo que conocemos forma parte de esa diminuta bola de energía que un día le dio por explotar -que digo yo, si esto es obra de algún dios, fijo que era femenino-. Pero todo lo que conocemos no fue siempre así. Ni si quiera los átomos que componen nuestro cuerpo, los cuales se encontraban en otros lugares del espacio y del tiempo, antes de formarnos a nosotros. Todo lo que hay, todo lo que vemos y conocemos, proviene de estrellas antiguas que nacieron, vivieron y murieron, millones de años antes de que nosotros llegásemos aquí.

Tal vez no existe el destino, ese lazo rojo que nos une a través de la vida y de las circunstancias, que nos marca por predilección a aquellos a los que vamos a estar atados, nos guste más o nos guste menos, acabe bien o acabe mal. Tal vez no exista la casualidad, no sea cosa del azar aquello de encontrar personas con las que realmente te entiendes, topártelas de repente cuando no había razón alguna para ello.

Tal vez sólo somos el polvo de una estrella muerta que se muere por volver a juntarse.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Dóna'm l'últim segon.

¿Qué queda cuando se desmorona la coraza? Cuando ese muro que has pasado años construyendo cae de un soplido, convertido en polvo. Tanto tiempo y tantas oportunidades rechazadas por la obsesión de mantener en pie lo que te alejaba de todo el mundo, lo que no te permitía caer en distracciones mundanas que te acaban destruyendo. Y aún así, lo haces, porque eres consciente de que era lo que iba a pasar, porque conoces el precio por la inmunidad violenta contra los sentimientos. Pasas años construyendo y una vez has acabado pasas años esforzándote por mantener esa barrera en pie.

Y un día de golpe y plumazo, todo se va al garete. No la has descuidado, la seguías fortaleciendo día a día. No se ha caído, no ha habido fallos de construcción. Pero a veces un gesto tan simple como inocente que llega del exterior puede ser suficiente para reducir a la absoluta nada lo que tanto esfuerzo y renuncia te había costado conseguir.

Estás expuesta, sola, y vulnerable. Y los ataques comienzan a llegar. Y ahí, en todo el medio de tu exasperación, que se mezcla con todo eso de lo que llevabas años protegiéndote, sólo puedes hacer una cosa. Seguir respirando.


Vols que et compte un secret? No importa quantes vegades et diga adéu, o quantes vegades m'allunye de tu. Sempre que vullgues tornar, estaré ací. Sempre que em necessites, contestaré. No importa quant temps passe, ni com de profundes s'hagen fet les ferides.